Cada día libramos batallas que, aunque invisibles para los demás, pesan en nuestra mente y corazón. Luchamos contra el espejo cuando no vemos reflejado el cuerpo que soñamos. Peleamos contra los problemas personales que nos desgastan, las tensiones laborales que nos frustran y los sueños que parecen alejarse cada vez más. A veces sentimos que, sin importar cuánto lo intentemos, todo sigue igual o, peor aún, que cada paso adelante es seguido de dos hacia atrás.
En esos momentos, es fácil buscar culpables. Le echamos la culpa al universo, al destino o incluso a Dios. Nos preguntamos: ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué las cosas parecen tan difíciles? La frustración nos invade cuando vemos a otros avanzar mientras nosotros seguimos atrapados en el mismo lugar. El esfuerzo sin resultados nos hace dudar de nuestro propósito y, lo peor de todo, nos llena de un cansancio emocional que nos paraliza. Pero ¿Realmente el universo está en nuestra contra? ¿O es nuestra perspectiva la que necesita cambiar?
A menudo, nuestro peor enemigo no es la vida, ni Dios, ni el universo, sino nuestra propia mentalidad. Nos llenamos de pensamientos negativos que nos hacen sentir incapaces. En lugar de analizar qué podemos mejorar, nos rendimos y nos resignamos. Pero el fracaso no es definitivo a menos que decidamos detenernos. Cada meta, por más difícil que parezca, requiere tiempo, paciencia y constancia. No se trata solo de cuánto deseamos algo, sino de cuánto estamos dispuestos a trabajar por ello sin rendirnos ante la primera caída. El problema es que muchas veces queremos resultados inmediatos, sin pasar por el proceso. Queremos el éxito sin la lucha, la recompensa sin la disciplina.
¿Cómo Cambiar Nuestra Perspectiva y Seguir Avanzando? Les presento cinco pasos que podemos hacer para transformar nuestra mentalidad. Hay que reconocer que el progreso no es lineal. A veces avanzamos rápido, en ocasiones menos rápido y en otras veces nos estancamos, pero cada intento es importante y nos acerca a nuestra meta. No porque hoy no veamos resultados significa que no estamos creciendo. El segundo paso es Dejar de compararnos con otros. Cada uno de nosotros tenemos nuestro propio camino y nuestras propias circunstancias. Mirar lo que otros han logrado solo nos distrae de nuestro propio progreso.
Tercer paso es replantearnos nuestras estrategias. Si algo no está funcionando, no significa que nunca lo logrará, sino que quizás necesitas otro enfoque. El cuarto paso es Aceptar que el tiempo de Dios o del universo no siempre es el nuestro. No porque algo no haya ocurrido aún significa que no sucederá. A veces, el momento correcto es distinto al que imaginamos. Y el último paso es Aprender a agradecer incluso en la adversidad. Todo lo que vivimos nos enseña algo. Cada dificultad nos hace más fuertes, más sabios y más resilientes.
Las batallas diarias son inevitables, pero lo que define nuestra vida no es cuántas veces caemos, sino cuántas veces nos levantamos. Y la verdad es que no estamos solos en esta lucha. Ni Dios ni el universo están en nuestra contra; muchas veces, somos nosotros los que nos saboteamos. Así que la próxima vez que nos sintamos que el mundo nos debe algo, preguntémonos: ¿Estoy dando lo mejor de mí?,¿Estoy aprendiendo de mis fracasos? Quizás el universo no está en nuestra contra. Quizás solo está esperando que nos levantemos una vez más.
Nuestra pregunta reflexiva: Si hoy fuera nuestro último día de luchar, ¿Qué haríamos diferente para asegurarnos de que mañana valga la pena?