Siempre he escuchado que el tiempo pasa volando, pero nunca, me había dado cuenta que eso no es un decir, sino la pura verdad. De igual manera había escuchado que una desición tomada tarde es igual de malo que si no la hubieras tomado. Definitivamente esa aseveración es cierta.
Para el año 1995, me encontré un matrimonio joven que al igual que yo, luchábamos para posicionararnos en nuestro trabajo, demostrando que teníamos la capacidad, energía, compromiso y sobre todo el hambre de echar pa’lante. Ese matrimonio, se convirtieron en mi familia. Estuvieron en mis momentos más difíciles, su casa era mi casa, comía en su mesa de la casa, y hasta en el fallecimiento de mi abuela que me crió, mi esposa habló con ellos para que ayudarán a decirme lo sucedido.
Sin embargo, cuando las millas cuentan, esos amigos que dieron su vida por mí, les fallé. No fue que discutimos, o peleamos, o nos faltamos el respeto. Es que en el momento más importante de uno de ellos, no estuve presente, ni una llamada ni tan si quiera un mensaje de texto. Hoy sí que reconozco que el tiempo pasa rápido y que el dejarlo para más tarde provocó que no lo hiciera. Hoy, cuando reviso mis mensajes de textos me doy cuenta que hace cinco días, un buen amigo me escribió (porque cuando me llamó no cogí su llamada), que el papá de mi gran amigo había fallecido. Hoy me day cuenta que cuando mas mi amigo necesitaba de por lo menos un mensaje de texto mío, yo no estuve ahí.
A ti Luis Enrique Santiago Rosado, Chago, te pido disculpa por no estar ahí para ti, como cuando tú estuviste conmigo en la muerte de mi abuela. No hay excusa válida para mi error. Te envío mis condolencias.
Un abrazo a mi hermano Chago