“A veces el mayor acto de aprendizaje no es adquirir nuevos conocimientos, sino tener el valor de soltar aquello que ya no nos permite crecer.” R. E. Mejías
Durante gran parte de la vida se nos ha enseñado que aprender consiste en acumular información, repetir conceptos y dominar contenidos. Sin embargo, con el paso del tiempo surge una pregunta inevitable: ¿qué sucede cuando lo que aprendimos deja de ser útil o incluso se convierte en un obstáculo? En ese punto aparece el desaprendizaje, un proceso tan necesario como desafiante, que invita a revisar creencias, hábitos y formas de pensar arraigadas.
Desaprender no significa borrar lo vivido ni negar la experiencia adquirida. Por el contrario, implica reconocer que ciertos aprendizajes fueron valiosos en un momento determinado, pero que hoy requieren ser ajustados, reinterpretados o transformados. Muchas personas permanecen estancadas no por falta de conocimiento, sino por aferrarse a ideas que ya no responden a su realidad actual. Desaprender exige humildad, porque implica aceptar que no siempre se tiene la razón.
En el ámbito personal, desaprender puede significar soltar creencias limitantes aprendidas en la infancia, patrones emocionales heredados o miedos normalizados. Cuando una persona cuestiona esas estructuras internas, abre espacio para un aprendizaje más consciente y alineado con su propósito. No se trata de empezar de cero, sino de reconstruir desde una mirada más madura y reflexiva.
En el contexto educativo y profesional, desaprender es igualmente esencial. Los cambios constantes en la tecnología, las organizaciones y las dinámicas sociales exigen flexibilidad mental. Aferrarse a métodos antiguos solo porque siempre se ha hecho así, limita la innovación y el crecimiento. Aprender a desaprender permite adoptar nuevas competencias, mejorar la toma de decisiones y responder con mayor efectividad a los retos actuales.
Desaprender también implica incomodidad. Cuestionar lo conocido genera incertidumbre y, en ocasiones, resistencia. No obstante, ese malestar es parte del proceso de transformación. Cada vez que una persona se atreve a revisar lo que cree saber, se acerca más a un aprendizaje significativo, profundo y auténtico.
Entonces, ¿desaprendiendo aprendemos o aprendemos desaprendiendo? Ambas ideas se entrelazan. Se aprende cuando se desaprende aquello que limita, y se desaprende cuando se aprende algo que amplía la visión. El crecimiento real ocurre cuando existe disposición para cuestionar, reflexionar y evolucionar.
En definitiva, aprender no es un destino, sino un proceso continuo. Desaprender se convierte en una herramienta poderosa para avanzar con mayor claridad, coherencia y apertura. Solo quien se permite soltar lo innecesario puede dar espacio a nuevos aprendizajes que transformen su manera de pensar, sentir y actuar.
Finalizamos como de costumbre con nuestra pregunta reflexiva: ¿Qué creencias o aprendizajes en nuestra vida necesitan ser revisados para permitirnos crecer en esta nueva etapa?
Si piensas que este contenido es importante, te invito que compartas este escrito con sus seres queridos y que se suscriban a nuestro blog y que sean parte de este viaje de transformación recibiendo directamente a sus correos electrónicos. Si piensas que este contenido es importante, te invito que compartas este escrito con sus seres queridos y que se suscriban a nuestro blog y que sean parte de este viaje de transformación recibiendo directamente a sus correos electrónicos.