“El liderazgo en la iglesia no se mide por la autoridad que se ejerce, sino por la vida que se transforma cuando se decide servir con humildad y amor.” Rafael E. Mejías
El liderazgo en las iglesias es una dimensión vital de la vida comunitaria que desafía a quienes lo ejercen a trascender las categorías de poder y autoridad humana para asumir un estilo de liderazgo profundamente enraizado en el servicio, la humildad y la entrega. En el contexto eclesial, liderar no se limita a dirigir actividades o administrar programas; implica modelar una forma de vida coherente con la misión cristiana y con el ejemplo de Jesucristo.
La tradición cristiana ha sostenido que el liderazgo auténtico se manifiesta cuando el líder coloca las necesidades de los demás por encima de las propias. Este principio se refleja claramente en las enseñanzas de Jesús, quien afirmó que el que aspira a ser grande debe aprender a servir, estableciendo así un paradigma radicalmente distinto al liderazgo centrado en el poder y el control (Mateo 20:26–28). Este enfoque invita a los líderes eclesiásticos a ejercer su rol con sensibilidad pastoral, escucha activa y compromiso genuino con las personas.
En la vida cotidiana de las iglesias, el liderazgo se expresa tanto en decisiones administrativas como en el acompañamiento espiritual de la comunidad. Liderar desde el servicio implica discernir, orientar y cuidar, reconociendo que cada persona posee dones valiosos que pueden contribuir al crecimiento colectivo. Diversos manuales y estudios sobre liderazgo eclesial destacan que la autoridad espiritual no se impone, sino que se gana mediante el testimonio, la coherencia y el amor práctico hacia los demás.
No obstante, el liderazgo en las iglesias también enfrenta desafíos significativos. La presión por mantener estructuras organizacionales, el temor al cambio y las tensiones internas pueden desviar el propósito original del liderazgo cristiano. Cuando el liderazgo se distancia del servicio y se enfoca exclusivamente en el control o en la eficiencia, corre el riesgo de debilitar la confianza y la comunión comunitaria. Por ello, la reflexión constante y la autoevaluación se convierten en herramientas esenciales para quienes lideran.
La formación continua es otro elemento clave del liderazgo eclesial. Estudios contemporáneos sobre liderazgo transformacional en contextos religiosos subrayan la importancia del acompañamiento, la delegación responsable y el desarrollo de nuevos líderes dentro de la comunidad. Estas prácticas fortalecen la iglesia y aseguran la continuidad de su misión, fomentando una cultura de corresponsabilidad y crecimiento espiritual.
En última instancia, el liderazgo en las iglesias es un camino de transformación personal y colectiva. Quien lidera no solo guía a otros, sino que también se deja moldear por el proceso, aprendiendo a servir con mayor humildad, pacienciay amor. Así, el liderazgo eclesial se convierte en un testimonio vivo de fe en acción, capaz de impactar positivamente a la comunidad y a la sociedad.
Finalizamos con nuestra pregunta reflexiva: ¿Cómo puede el liderazgo en las iglesias renovar su compromiso con el servicio auténtico para responder a los desafíos espirituales y sociales del presente?
Referencia
La Santa Biblia. (1960). Mateo 20:26–28. Versión Reina-Valera 1960.
https://www.biblegateway.com/passage/?search=Mateo+20%3A26-28&version=RVR1960
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