“Quien nunca se atreve a crecer, se queda cómodo en la cuna de sus miedos” Rafael E. Mejías
La vida nos enfrenta constantemente a la paradoja del crecimiento, avanzar implica dejar atrás la comodidad de lo conocido. En esos momentos de incertidumbre surge un pensamiento recurrente: “me debí quedar pequeño.” Sin embargo, lo que a veces parece un peso innecesario es, en realidad, la evidencia de que hemos evolucionado. Este escrito nos invita a reflexionar sobre cómo el crecimiento personal, familiar y profesional nos reta, pero también nos transforma en seres más completos.
En lo personal, crecer significa abandonar la ingenuidad de lo simple y enfrentar las consecuencias de cada elección. La infancia y la juventud ofrecen un refugio de despreocupación; la madurez exige decisiones conscientes y asumir errores. La frase me debí quedar pequeño, aparece cuando la carga parece pesada, pero precisamente en ese peso se encuentra la fuerza para avanzar.
En el ámbito familiar, crecer implica pasar de recibir protección a convertirse en quien protege, guía y apoya. Los roles cambian y lo que antes era comodidad se vuelve escuela de sacrificio. El pensamiento “me debí quedar pequeño” surge cuando los compromisos exigen renuncias, pero revelan el verdadero significado de pertenecer y servir.
En lo profesional, quedarse pequeño habría evitado riesgos y fracasos, pero también habría cerrado puertas. Es en el desafío donde se descubren capacidades y se forja el liderazgo. Quien pensó me debí quedar pequeño aprende que la incomodidad fue el motor del progreso y la llave de nuevas oportunidades. Algunas de las recomendaciones para abrazar el crecimiento pueden ser:
- Aceptemos la incomodidad como maestra. Es temporal, el aprendizaje permanece.
- Honremos nuestras etapas. Lo pequeño es raíz y lo grande es fruto.
- Practicquemos la gratitud. Cambiemos la perspectiva y fortalezcamos el propósito.
- Transfiramos lo aprendido. Nuestro proceso inspira y abre camino a otros.
- Evitemos el mito de la perfección. Crecer es avanzar con tropiezos y coherencia.
Quedadarnos pequeño es fácil, pero estéril. El crecimiento trae responsabilidades y a veces dolor, pero también sentido, propósito y legado. Lo pequeño fue necesario para dar los primeros pasos; lo grande es imprescindible para dejar huella.
Finalizamos con nuestra pregunta reflexiva:¿En qué área de nuestra vida personal, familiar o profesional hemos sentido que crecer dolía, pero al final valió la pena no quedarnos pequeños?
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